La llegada a Victoria ocurre entre el nerviosismo y la novedad. La tierra del Matador es una extraña mezcla de suelo verde y gris, calles cargadas de nostalgia y fuertes elementos de pertenencia. Nadie es más extraño que el primer visitante. Nadie queda más expuesto ante lo desconocido y el orgullo de los otros.
A primera vista, un mural de "la hiena" Barrios -boxeador famoso y crédito zonal- estremece al observador de turno. Las paredes lindando al estadio son verdaderas obras de arte, siluetas desbordadas por la pasión azulgrana que invitan a evadirse de la apacible tarde de sábado. Por un instante, el pensamiento resulta previsible: es misterioso cómo las cosas cambian los días de partido. Siempre me inquietó esa idea: ni el paisaje ni nosotros somos los mismos cuando más allá de las paredes pintadas existen montones de razones que hacen más grata la existencia.
Pasada la media tarde y vuelta a la esquina, la caminata morigerada con cigarrillos resultó la antesala de otra historia, Isabel, de 26, mirada angustiada y desangelada. Conocerla es adentrarse en el pasado que ella vivió con su amiga. Uno puede advertir que en esa fragilidad de su cuerpo desparejo y su voz desgarrada, ella fue feliz. Casi reeditando aquellos encuentros, por un momento se desprendió de los males del presente. Bebió cerveza como la primera vez.
La tarde, anaranjada, dio curso a la noche. El clima y el paisaje eran otros. El muchacho de vincha -mientras agazapaba su bandera- esperó el colectivo de siempre. Como suele suceder, es lindo llegar cuando uno se sabe que podrá volver. Isabel y el novato visitante, en el crepúsculo de la jornada, se prometieron un segundo encuentro.
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Tardes
Eli va
Tímida y contrariada, asomó su pequeña silueta. Nacida en el confín del mundo, Eli carga con todos los dolores juntos: la adolescencia vertiginosa, la aspereza del entorno y, sobre todo, la reciente muerte de su padre en un barrio sin padres.
Pienso que alguna vez el mío sucumbió a ese vacío irreparable cuando el almanaque denunciaba apenas 15 y todos, absolutamente, nos creemos inmortales a esa temprana edad. Venía de un Independiente-River en tiempos de multitudes genuinas y amor a la camiseta. Aquél día, recuerda, una avalancha casi termina con una de sus piernas, atoradas entre otros cuerpos sudorosos y apenados por el 1-2 adverso. No fue lo peor. Atrás quedaba el recuerdo de su padre bandeonista, talentoso músico de orquesta que murió joven.
Con esa mochila en contra, decía, Eli emprendió la rutina de un lunes borroso como la imagen del padre que se le iba rápido. No se amedrentó. Inteligente y astuta, apuró su paso firme para combatir todas las angustias que caben a los 15 años. Así conoció a Teto, su novio que la contiene, y así avanza en el colegio que llama orgullosa "liceo 5".
Sin embargo, a veces me asaltan preguntas de esas que aprisionan el pecho. ¿Podrá madurar este proyecto? ¿Habrá caminos para ella? ¿Logrará sortear el dolor profundo del paisaje? ¿O los pesares de la rutina? ¿Será ella quién justifique nuestra tenaz e incesante batalla contra los miserables? ¿Podremos volver a idealizar a los pibes y pibas, nuestros invisibles?
En el confín del mundo, cada mañana, espero a Eli y su amor por la vida. Porque Eli va.
Azares
Azares
Todo nos falta aquí abajo
todo, menos las estrellas
Crecerán flores entre tormentos
silencios y gritos de piedra
emparchados, cicatrices
tapados del desengaño
Veteranos de barrios oxidados
hombres de asfaltos rojos,
calles de tierra triste,
mutilados, profundos
animarán una esperanza
y encontrarán nuevos nosotros
en solitarias bandas de reos
y quizás esquiven la furia
o la turba del afuera
y no faltarán sentencias,
y no menguarán condenas
cartones de los domingos,
despojos de la miseria
Y mañana serán flor,
silencios, gritos de piedra
Y abrirán las ilusiones
y matarán la tristeza
Amigos de las botellas
que sufren en su amargura
los azarosos destinos del hambre
Pablo
Ese hombre
La noticia estremece pese al inevitable transcurso de los días: un maestro -sí un maestro cuyo oficio no era otro que educar a los más débiles-, fue brutalmente asesinado por la gendarmería neuquina. Podríamos conjeturar -y es un lugar común-, que no sorprende el gesto inescrupuloso de un gobernador conscientemente perverso. Tal vez tanto o más que Antonio Bussi en Tucumán, Juan Carlos Romero en Salta o Carlos Reutemann en Santa Fe así como otros tantos y tantos sapos que la rotulada "gente" (antes pueblo) suele comprar en cuotas.
Lo que duele y causa zozobra, en cambio, son los modos de procesar estos actos cotidianos. Porque el episodio nacido al calor de una genuina protesta gremial trasciende toda posibilidad de aventurar un país próspero culturamente, fecundo en oportunidades o, simplemente, un país en el que no habite la miseria a gran escala.
Sobisch, hoy, tiene ramificaciones en candidatos que todavía cotizan alto (Macri, Blumberg, Carrió, López Murphy), y por eso la muerte de un educador (un educador popular, por otro lado)lastima no solo por tratarse de un acto deliberadamente malvado sino por el viejo retorno de lo conocido.
Y porque, acaso desconsoladamente, lo que cuesta aceptar son los designios de una historia no casualmente trágica para quienes desde hace rato saben quiénes son ellos y quiénes nosotros, esa herencia ineluctable fruto de un vacío mortífero, esa que hasta hace poco se prolongaba en la mirada valiente de un militante del barrio Ludueña o en la sombra de dos desocupados en una fría estación de tren o el fusilamiento -a 30 años del asesinato de Rodolfo Walsh- de ese hombre que enseña. O sea, de los cimientos en los cuales se sostiene una sociedad sana, no miserable, menos contaminada y -sobre todo- noble en sus conductas, deseos y proyecciones.
Estremecidos y todo, sin embargo, la noticia volverá aparecer. Como el dolor irremisible de lo injusto o, más venturoso, como otras nuevas apariciones de otros nuevos hijos del pueblo (y no de la gente).
Nada
Vocifera Aguilar, presidente electo del más grande. ¿Puede el cinismo perdurar tanto? ¿y una crisis? ¿y una sesera tan enferma para considerar a un cínico? ¿y otra tristeza en el estómago? Hace tiempo advertí que puedo vivir sin cable, prepaga, celular, mp3, internet, dvd y diarios. Pero no sin River y el calor de una mujer.
Desgarro (a Gimnasia y Esgrima)
Dedicado a uno de los esquipos más sufridos del fútbol argentino.
DESGARRO
Lobo.
Animal.
No le pidas nada,
aunque lo conozcas,
El no sabe de dueños,
El no sabe de jaulas.
Sólo quiere su presa,
molerle los huesos,
beber su sangre,
caminarle por encima
hasta el Abismo.
No lo llames por su nombre,
él no se conoce.
Busca sangre, calor, hambre,
Hambre. Padre y Madre.
En el acecho,
siempre en guardia
busca.
No le prometas amor,
es puro instinto, ese instinto arrollador
devorador de ilusiones
coleccionador de angustias
de ojos vacíos, de alma pura. Bruta.
De ese Lobo
brota sangre azul en sus garras
enerva tripas como alambres de púa
teje trampas por doquier
mira en hielo su dolor
y no se convence de su pasado.
Asesino sin sentido.
Aunque me claves otra daga,
yo estaré dispuesto.
Aunque siga viviendo,
puedo no entenderte.
Aunque muera,
Mi orgullo florecerá entre escudos de plata
con espadas detrás de un casco
de un Hombre que no se desvela.
Lobo.
Ilusión de mi corazón,
la de ser Campeón.
Dedicada a Alejandro M. Heredia (TATI)
Juan Pablo Villa










