Caminan los hombres de naranja. Caminan. La vuelta al trabajo vale más que lamentarse por otro lunes caluroso, sin nubes, que invita a contemplar la dureza del sol, que sigue golpeando en la rutina de un barrio todavía triste. El paisaje no es otro que el de los últimos tiempos: hombres y mujeres que soportaron un cismo, o peor, la soledad de los días sin empleo, el enigma de una vida sin sentido, la pena infinita por los hijos que ya no serán.
Pero caminan en búsqueda del premio mayor: terminar la obra. Por la familia y por el orgullo herido que parecía eterno. Entonces las cosas devuelven su reverso y el paisaje ofrece nuevas pinturas: una reunión, calles ruidosas, encuestadores y vacunación en fila. El lunes espera otra vez a esos hombres de naranja, pese a que es lunes y el calor no se condice con el calendario ni con la casa vacía de los meses pasados o las miradas nauseabundas que persiguen la noche. Y tal vez por eso caminen: el asado es otra seña para que el paisaje siga soleado.
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Olor a asado
Rocío
Pasó un mes de su primera sonrisa. Tiempo suficiente para consolidar certezas, o mejor, darle empuje a esos impulsos desprovistos de toda lógica. Por ejemplo: adivinar que el sentido de las cosas no se evaporan en ese andar despreocupado que Rocío le convida al mundo todas las mañanas.
Es generosa, Rocío.
Tiene la mirada adolescente que vengo comprando de modo empecinado, ingratamente,aunque eficaz para anestesiar el misterio de una tortura latente.
Rocío espera y en ese gesto mínimo delinea un proyecto: mi estar aquí, hoy, cerca del abismo que se hunde como la tierra olvidada, entre casas de chapas y barro que mancha, entre fuegos nocturnos y pesares de un nuevo día que pasa y que siempre pasa porque espera a nadie.
El domingo, otra vez, reaparecieron fantasmas y las certezas que acompañan este viaje lleno de frustraciones y alegrías insondables. La ternura imposible, el olor del pasado, el miedo de que nada podrá ser porque los mundos son demasiado desiguales, tristemente desparejos. De un lado y de otro.
Pasó un mes de su aparición restallante. Rocío continúa su espera, llena de amores y odios que mutan rapidamente, mientras el hombre compra una nueva creencia para soportar el espanto.
La vida no vale nada
Gravísimo", fue la opinión coincidente de la prensa deportiva tras lo ocurrido en el Estadio Único. El bien llamado "Estadio Único", ya que lo ocurrido en La Plata no tiene antecedentes por más que se invoque a De la Casa (h), dirigentes del interior u otros nombres del ascenso. El caso es grave no tanto por los improperios que seguramente deslindó Muñoz al militar-árbitro, sino por los argumentos que esbozó Jota Jota ante las cámaras. La tragedia de Troglio, debiera razonar el titular de GELP, es muchísimo más grave que el resultado de un episódico match. Allí sí se juega la vida de alguien que esta sufriendo; no en la disposición de once triperos desencajados (también amenazados?) que debían al menos no perder con el encumbrado Boca de Macri.
En el fondo, y si el terreno de las amenazas será el que valide el accionar de una dirigencia enferma (con Grondona y Macri a la cabeza), quizás hubiese más útil recordarle al Sargento Giménez por qué abortó un minuto de silencio en ocasión de conmemorar el siempre triste 24 de marzo de 1976.










